Relato de la comunidad

SIEMPRE CERCA

Por Galilea

Sin poder contener la emoción, rozó su mano. Temblaba como un pajarillo desvalido, pero estaba preciosa a pesar del llanto que inundaba sus ojos. Y él, más enamorado que nunca. En su memoria se agolpaban cientos de recuerdos de una realidad de la que nunca fue el anfitrión. Siempre la amó. En silencio. Sin molestar. Sin irrumpir en una vida que no le pertenecía. Tan solo una sombra sin grandes expectativas que se pudieran frustrar. Pero siempre cerca siendo su aliento cuando le faltaba. Ahora, ella depositaba una rosa sobre su ataúd.

Qué lejos quedó Roma sin ti. Adiós, amor.

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