Relato de la comunidad

Sin prescripción

Por Ruben Mobilio

Mi hijo no necesitaba trucos ni magia para sacarle una sonrisa a los chicos internados en la sala de oncología. Le bastaba con pintar un par de letras sobre un globo de helio y dejarlo flotar. Había más amor en esa tontería que en cualquier protocolo. Nadie le pedía que fuera; para él, la solidaridad consistía en regalar diez minutos de humanidad entre tanto suero y medicamentos.

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