Relato de la comunidad
Taconeando
Por Ángela Sahagún Bonet.
Siempre me gustó como quedaba la toga con los tacones. Yo sé que la justicia no tiene que ver con el género de quien la imparte, pero hace mucho que perdí la inocencia y, a veces, me falta la fortaleza necesaria para enfrentarme al estrado y mantener fría la cabeza. No puedo quitarme de encima la mirada insolente de ese cabrón y los ojos llenos de lágrimas de la niña. Hoy entraré en la sala con la mirada alta, taconeando con fuerza. Y sonreiré mirando a la pequeña para que no se vuelva a sentir sola.