Relato de la comunidad
TRAS EL CRISTAL
Por Javier Puchades
Nunca podré olvidar las palabras que me decía sor Úrsula en el internado, cuando el padre Germán me llamaba a su despacho: Que debería sentirme contenta y feliz por ser una de las elegidas, que fuese gentil y, sobre todo, que no dejase de sonreír.
Entraba allí, cerraba la puerta y tras aquel opaco cristal, D. Germán me repetía siempre la misma letanía: Que era maravillosa y que aquello era por mi bien. Entonces, se ponía a rezar golpeándose el pecho con una mano mientras introducía la otra bajo mi uniforme y comenzaba a manosear mi piel.