Relato de la comunidad
VERANOS
Por Nani Canovaca
Cuando era pequeña me encantaba mezclar alguna gurrindongada, como polvo de algarroba de la Rufiana, con agua para hacer batidos, al que añadía azúcar. Luego al atardecer, celebrábamos el bautizo de los muñecos. Servíamos fresquito el preparado que esperaba en la fresquera de hielo, los bocadillos de chorizo que en comunión con nuestra inocencia, hacían las madres para celebrar las recién estrenadas vacaciones. Después, dejábamos a los bebés bautizados un año más, durmiendo en los sillones de casa y nosotras nos íbamos a buscar grillos con los chicos, para guardarlos en cajas de zapatos agujereadas.