Relato de la comunidad

Vidas

Por rosagua

Una tarde llegó a la redacción la historia de Antonia y su foto, donde sonreía. Sentí por ella una sororidad especial. Una mujer hambrienta que devoraba de un mordisco la comida que le regalaban. Aun con lluvia y sin resolverse el laberinto de su vida, nunca faltaba a la capilla que ella misma había construido en el hueco del árbol donde mendigaba. Un pequeño altar con la foto de su madre y un cartel: “Gracias, por enseñarme las armas para luchar ante el desamparo, la desesperanza y el hambre”. Desabroché mi blusa y me sentí vulgar ante tanta grandeza.

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