Relato de la comunidad
Y, la llamaron Lluvia, porque a su madre casi se le cae al fango cuando se puso de parto en medio de la huida.
Por Carmen Bonaetxea Sandonís
Sorprendida de que, justo en ese momento, su pequeña hubiera decidido venir al mundo no podía apartar la mirada del suelo. Sus zapatos sucios y ajados por el tiempo, como su querido Manuel, al que dejó tirado en el suelo aún con las botas puestas.
Unos ojos amables la miran, y con manos temblorosas, un joven soldado le ofrece un par de chalecos para que arrope a su niña.