"Vuelo tanto que las imperfecciones cada vez las observo con mayúsculas. Si la facturación o el embarque han sido deficientes me subo al avión con las malas pulgas que no tienen –ni buenas- los integrantes de mi zoológico particular.
El 1 de abril ya a bordo en Santiago de Chile un par de cosas más me molestaron.
Cuando iba a sustraer otra manta y almohada de un asiento libre para que mi cama sobre las nubes resultara más confortable, me interceptó la sobrecargo para formular una absurda pregunta sobre si quería cambiar de butaca. Nada más lejos de la realidad: en la primera fila estaba en la gloria, si no fuera por el ruido de gallinero que emanaba del habitáculo de las tripulantes de cabina de pasajeros donde se supone que preparan casi todo para que tengamos un vuelo agradable.
No obstante, la discreta persistencia de la dama y su sosegado estilo, sonrisa y profesionalidad me domaron.
Sin abdicar de mis quejas, pensé que era una buena azafata, pero, sobre todo, una agradable persona.
No mucho después, sin cejar en su refinada y dulce educación, es decir, azucarada, vino a contarme algo extraño, poco comprensible, quizás por culpa de mi ‘jet lag’ flambeado por muchos días de interminable viaje.
Me confundió con cinco palabras que parecían muchas más, pero que se hacían cortas por los caminos de asociaciones y solidaridades y, especialmente, a través de un rostro embelesador y una sonrisa cautivadora, todo ello aderezado porque uno de sus tripulantes me reconoció varios decenios después.
El vuelo pasó a ser magnífico.
Pese a llegar a mi tierra con demasiadas cosas para hacer y muy pocas para dejarlas de lado, me motivó a investigar un poco sobre Mar Olayo y sus “Cinco palabras”.
Por algún extraño alarde de generosidad mental quiso que escribiera un prólogo para sus relatos del mes de junio y aquí estoy, dos días y medio después de haber aterrizado en Madrid, encantado por el inmerecido (y no es un tópico) honor que me ha brindado, dedicado a ASPARBI (Asociación Parkinson Bizkaia), una entidad sin ánimo de lucro que surgió en 1994 ante la necesidad que tenían tanto los afectados, como sus familias de aunar esfuerzos para afrontar las consecuencias de esa enfermedad y que cuenta con un equipo multidisciplinar, que desarrolla un seguimiento global de los afectados. A ella irán los beneficios de este volumen.
En cinco palabras más IVA: Admiro la obra de Mar Olayo… y gracias a Sara Vijandi por promover esta causa.
Javier Taibo"