Aquí me veo, prologando el número de marzo de CINCO PALABRAS a propuesta de Mar Olayo, ¿cómo negarme a ello si quién me lo pide da tanto sin pedir nada a cambio? Claro que podía haber puesto una excusa: “Uy Mar, qué mal me viene. No tengo tiempo con el lío de las sesiones y los cursos…”, excusas, excusas y excusas. Impensable escudarme por falta de tiempo ante alguien que pone a disposición de otros y de sus proyectos, causas y necesidades de promoción, todo su tiempo. En fin, que aquí estoy…
El proyecto que en esta ocasión está en el foco de CINCO PALABRAS es dar visibilidad a un colectivo que sin prestarle la atención que se merece, consiguió, a lo largo de los 24 años que estuve volando y durmiendo en hoteles, hacer mi estancia y mi descanso, más agradables. Era un regalo llegar a una habitación que estuviera limpia, ordenada, cada detalle en su lugar y, agotada por las largas horas de pie en el avión, llegar y poder tirarme (literalmente) encima de una cama limpia y bien hecha. Éste es uno de los mayores placeres que recuerdo de estar fuera de mi casa.
Como cuando cuidamos a un niño o una niña pequeños, así debería ser con cualquier proyecto solidario con poca difusión. Esto es lo que hace Mar Olayo y CINCO PALABRAS, fijarse y comprometerse con esos proyectos que casi no tienen voz (como en ocasiones los niños) aunque tengan mucho que decir. Merece la pena parar nuestra “intensa vorágine cotidiana” para escuchar a quienes necesitan ser escuchados y apoyados. Comprometámonos con estos “niños y niñas” que cuida con esmero CINCO PALABRAS.
Sonia Wilt